“500 años” – ensamblaje escultórico policromado

500 años alucinantes… y los descubrimientos recíprocos nunca terminan de estremecer. En 1992 se celebraron, con alegría o consternación, los 500 años de la llegada de los europeos en las Américas. En este mismo año 1992 he realizado un ensamblaje escultórico policromado que se titula “500 años de descubrimientos recíprocos” que se encuentra actualmente depositado en el salón principal del Instituto de Historia de Nicaragua y Centroamérica IHNCA

de la Universidad Centroamericana UCA en Managua, Nicaragua.

500 años de encuentros/choques de la civilizaciones, “descubrimientos” inversamente proporcionales: gente nativa americana descubriendo el eurocentrismo egocéntrico, y Europa descubriendo las materias primas y la mano de obra barata o gratuita del nuevo continente (pero no los valores y la humanidad existente)… por lo que son “descubrimientos” y “ocultamientos” que hoy todavía siguen entre muros de incomprensiones y oportunismos. Y todo esto ha inspirado esta mi obra de misterios y vicisitudes de los “descubrimientos recíprocos “.

Sergio Michilini, “500 AÑOS DE DESCUBRIMIENTOS RECIPOROCOS, 1992, ensamblaje escultórico policromado, cm.230x120x60

En el 1992, para las celebraciones de estos primeros 500 años, en Europa y en el continente americano se promovieron una infinidad actividades y eventos. Por nuestra parte, como pintores “bicontinentales” organizados en “TALAMURO” (Taller Latinoamericano de Muralismo e Integración Plástica), junto con otras asociaciones de artistas latinoamericanos y europeos, participamos con un sinnúmero de Organizaciones de Solidaridad y Cooperación en la creación de cientos de pinturas murales en casi todos los rincones de Europa.

Mientras que aquí en Managua, focalizamos nuestros esfuerzos en realizar el Proyecto CEMOAR  (“Centro de Espiritualidad Monseñor Oscar Arnulfo Romero”, Km 15.5 Carretera Sur), donde 30 artistas de 13 países de Europa y de América realizaron pinturas murales, paneles de cerámicos, esculturas, mosaicos y decoraciones en un intento de integración total con la arquitectura preexistente de este Centro de Convenciones de la “Teología de la Liberación”.

En aquel periodo yo estaba desarrollando una actividad “anómala” en relación a mi profesión de Pintor: era Coordinador para América Central y Caribe de ACRA, una Organización No Gubernamental italiana.

Fue una tarea que me ocupó por tres años, y que había elegido para conocer la profundidad del territorio nicaragüense y centroamericano, pues las contrapartes de los proyectos ACRA fueron mayoritariamente campesinos pobres, cooperativas y asociaciones de agricultores y ganaderos. El trabajo era enorme y tuve muy poco tiempo libre.

Y fue propiamente en este “tiempo libre”, en estos pequeños recesos de “oxigenación”, entre papeles, llamadas telefónicas, reuniones y visitas de campo, en mi propia Oficina de ACRA, que me dediqué a realizar este ensamblaje escultórico policromado.
Es un “ensamblaje“, es decir, una unidad expresiva que es el resultado de la combinación de cosas y objetos “significantes” de América Central, y todo fue “modificado” o “destruido visualmente” con la policromía.

Los colores tienen una doble función: romper visualmente las formas de los objetos individuales y crear una nueva UNIDAD EXPRESIVA de conjunto. Lo que equivale prácticamente a ver desde lejos una escultura policromada autónoma y en cierto sentido “abstracta” que es ” desvelada” al acercarse y al descubrir paulatinamente la existencia de objetos y cosas “otras” con respecto a la percepción plástica inicial.

Desde lejos prevalecen las FORMAS PICTORICAS abstractas, mientras que de cerca son predominantes las FORMAS ESCULTORICAS como objetos definidos y reales: la Pintura se convierte en Escultura con el movimiento de acercamiento del espectador a la obra.

Fue un trabajo de construcción lento y meticuloso que he desarrollado durante todos los mas de tres años de Dirección de las oficinas de ACRA, ensamblando piezas artesanales que encontraba en mis “visitas de campo”, u objetos y fragmentos de árboles, herramientas de trabajo y artículos misceláneos “significantes”, anclados uno a uno con tornillos de acero, pernos, juntas y adhesivos especiales.

Objetos encontrados, como el mango de una escopeta con letras grabada del FSLN que fue usada durante la insurrección Popular contra la dictadura de Somoza; o como la placa de un vehículo con la fecha del año del triunfo de la Revolución Popular Sandinista en 1979 etc.

Todo esto construido a partir de una “ batella lavandera ” o “tabla de lavar“, sobre la que se aplicó el mango del fusil encadenado, como esperanza que no sea necesario usarlo nunca más. A su lado hay un machete, que es la herramienta inseparable de los campesinos, para el trabajo y para la lucha o como arma de autodefensa, y en el lado izquierdo de la tabla de lavar la reproducción de la firma original de Cristóbal Colon.

A la derecha de la tabla hay varias esculturas artesanales en madera de balsa de Solentiname que representan aves del archipiélago, y en la esquina superior derecha, hay un “candil nicaragüense” (lámpara de queroseno) siempre encendida para iluminar el futuro. Y en el mero centro de la tabla de lavar sale un “molenillo” y una “paleta para cocinar” y en esta paleta hay reproducido un hermoso escrito que debería ser del Arzobispo sudafricano Desmond Tutu que dice: “Vinieron… Ellos tenían la Biblia y nosotros teníamos la tierra. Y nos dijeron: “cierren los ojos y recen”. Y cuando abrimos los ojos ellos tenían la tierra y nosotros teníamos la Biblia“.

Este bloque de objetos está asentado en una especie de “máquina diabólica” que forma la base estructural de la obra. Es una especie de pirámide con bajorrelieves precolombinos, que se convierte en la proa de un barco con un mascarón de proa en forma de “Serpiente Emplumada“, que prefigura los acontecimientos tras el “descubrimiento” del nuevo mundo.

En la cubierta de mando navega imponente un fraile con el “Fuego de San Antonio” en la cabeza, tal vez por la contaminación o intoxicación del accionar colonial. A los lados del fraile hay a la derecha unos tubos (cañones? fusiles?) y al otro lado un embudo (petróleo para la máquina diabólica?)… y junto con el fraile una Cruz hecha de alambre de púas.

Es el mismo alambre de púas que cuelga en el centro de gravedad de la parte superior de la escultura, con volutas barrocas que suavizan su significado de llegada de la “Propiedad Privada” en el continente americano. Esta trágica presencia del alambre de púas corre verticalmente paralelo a otro cable liso que cuelga como un péndulo de la ciencia y del conocimiento… es decir, ciencia y conocimiento para la Propiedad Privada.

Y finalmente en la parte superior de esta especie de catedral brotan lanzas, espadas, dagas, cuchillos, espinas y objetos de violencia, mezclados con herramientas de trabajo como la cuchara de albañil, entre telarañas en la parte posterior y, a la izquierda, una grande máscara de México atravesada por un “lampazo” como un símbolo de servidumbre y pérdida de identidad. Mientras que en el lado derecho hay la presencia de un reloj ancestral, con la inscripción “1492 Descubrimiento del Capitalismo” (obviamente por parte de los nativos) y “Que Amanezca, Que llegue la Aurora “.


En el 1492 los europeos no han descubierto este continente.
Aquel infame viernes, el 12 de octubre de 1492, marcó el comienzo de la conquista y de la evangelización de las Américas: una colonización brutal que mueve inicialmente según el esquema de “ORO A CAMBIO DE BAUTIZOS” y que llevó a un exterminio de medidas colosales, estimado en la matanza de cerca del 80% de la población indígena de las Américas en poco más de 50 años, entre 1492 y 1550, y posteriormente a una cadena de robos, esclavitud, opresión y explotación, brutal sin interrupciones y que parece no terminar nunca.
Los latinoamericanos han “descubierto” todo de Europa, las pocas cosas buenas pero también y sobre todo las muchas cosas malas y brutales. Pero los europeos y los Estados Unidos no saben nada de Latinoamérica por “la incapacidad del hombre occidental de reconocer como similar, como hombre, al hombre no-occidental. Subsiste desde entonces uno de los persistentes males de nuestro tiempo, aquello de intercambiar la parte por el todo, de creer que una parte del planeta y de la humanidad, propiamente aquella occidental, coincide con todo el planeta y la humanidad tout court.
Aún hoy no reconocemos al otro como igual; vemos (con preocupación) una diversidad que, como no-occidental, consideramos inferior y por lo tanto por integrar, o “subir” hasta nosotros; o por dominar (el otro vale todavía para el oro que pueden darme, aquel amarillo de los bancos centrales o aquel negro de los pozos); a lo mejor, por tolerar, o bien “aguantar”. De cualquier forma, “lo que se esconde es la incapacidad de concebir el hombre como distinto, como “otro” de lo que hemos llegado a ser los occidentales”.
En el mismo momento en que Colon y otros que vinieron después de él, han encontrado “el otro”, no lo han reconocido como hombre (irónicamente, justo en la edad de redescubrimiento humanitas), pero como bestia o esclavo y han impuesto por la fuerza y derramamiento de sangre, una cultura, un idioma y una religión que eran típicos de una Europa y de un Occidente que se pensaba (y que se piensa todavía) como totalidad, como un todo legitimado para uniformar a sí mismo el mundo entero.
Con cual sostenibilidad, todavía, por el destino del planeta y de la economía mundial está bajo la mirada de todos”.
( Traducido del sito italiano http://ghismunda.blog.tiscali.it/category/cultura/)

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